lunes, 26 de noviembre de 2012

Zozobra


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Durante días, las líneas de su rostro se dibujaban como un esbozo forzado por la memoria. Me hostigaban recuerdos de eventos ficticios que un yo, débil e imaginario, construyó con el fin único del no olvido. Deambulaba  por los callejones de una ciudad ajena, laberíntica y absoluta, en búsqueda de las huellas de mis zapatos. Perdido, vagaba por los rincones que albergan ánimas como la mía y, por momentos, olvidaba esa empresa absurda que la potencia intelectual del alma me había impuesto. Una nebulosa atmósfera cubría el ambiente y un velo colgaba de todos los rostros. Sentía que los años se hacían días, los días horas, las horas minutos, y todo transcurría como en un sueño de un par de dioses borrachos. Pendiente del recuerdo, mi vida. 

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sábado, 25 de agosto de 2012

TRASBASTIDORES


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Todos anhelan estar en el escenario, ser protagonistas de su propia tragedia, o comedia, según sea su esencia. Muchos pasan de largo ese lugar donde se cortan las líneas de coca y se abusa de las coristas entre vestidos de lentejuela y adornos de chaquira, ese lugar de transición donde todo realmente sucede. Ese espacio que es una mentira, porque nos hemos empeñado en ocultarlo de los ojos de un público desagradecido, es el lugar donde eres el personaje que anhelas. Yo me quedé y construí una cantina, donde el humo lo abarca todo y lo que se dice viene sin decoraciones y rodeos, donde la barra está llena y la música se toca eternamente con coros sin sincronía de compañeros de guerra. Me perdería por completo si no es porque una persona se asoma cada cierto tiempo y, cauteloso, se desliza a mi lado para decir con una voz monótamente temblorosa: “Ernesto, el público está ansioso, te esperan”. Supongo que el silencio entre la bocanada y el trago dice todo. El invasor se va derrotado. Me quedo así los días y las noches, sentado en la barra. Percibo a alguien extender unas líneas de coca en una mesa lejana, otros queman un porro y ríen con risas infantiles, los muchos disfrutan un whisky o una cerveza o un mezcal o un curado cobijados por el humo del olvido. Allá afuera se escuchan ovaciones lejanas y, suspendidos, los halagos y los aplausos. Una sonrisa en mi alma me tranquiliza, sé bien que estoy en el lugar correcto. 



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lunes, 18 de junio de 2012

15vo. FRAGMENTO

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Recuerdo ese lugar como si hubiera olvidado los ojos suspendidos en esa atmósfera turbia y sensual. Apenas percibo la tenue luz que se desvanece en su viaje hacia los rincones y cuyos límites sirven de escondrijo para los habituales seres mágicos de las mesas más remotas. Escucho la música dolorosa rebotando en las paredes despintadas y el eco, apenas perceptible, de algún cantor derrotado. Leves destellos se desprenden de las botellas que adornan la estantería, nido de discordias y difamaciones, cura para el desahogo y corazones rotos (corazones remendados y puestos a fusilar en una danza viciosa, interminable y armónica). Entonces el silencio, mi silencio, un silencio cargado de enormes cantidades de respeto y temor, ruega por un trago. Para obviar mi edad pueril, anhelo que reconozcan la desesperación en mi rostro. Mi ruego es atendido por el viejo cancerbero que resguarda celosamente el tesoro dionisiaco. Mi tonta agresividad hacia el trago delata mi poca experiencia y arranca inmediatamente risas compartidas, risas que recuerdan a todos los presentes su primer trago. Siento, en serio siento, que todos somos yo en diferentes edades. El viejo rellena mi vaso, me acerca los limones y me sirve unos cacahuates, estoy seguro de que ve en mí alguna esperanza. Ahora me doy cuenta que no eran gestos de aceptación, pues sólo con el tiempo una familia te cobija bajo sus brazos. Ese día sólo fueron unos viejos borrachos mirándose en el espejo del pasado, reconociéndose en mis ademanes torpes para tomar y en mi playera y puños ensangrentados.   

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miércoles, 16 de mayo de 2012

Pedazo

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Me adormecí en la silla mientras la diarrea escurría por los labios de una persona que se las daba de interesante. Entre sueños revivía una escena de un libro lejano, con personajes creados de una vida que abandonaba al paso que mis párpados  bajaban. Ese hilo de realidad que en ciertas ocasiones no se corta hacía que mi viaje fuera turbio y fragmentado. ¡Alzar el ancla!, decía para mis adentros, ¡alzar el ancla y partir!, pero asumo que la posición naturalmente reprobada para el descanso hacía infructíferas mis súplicas. En segundos que fueron horas un par de tetas pasaron volando, un campo de amapolas y jeringas y besos y sexo y farolas en la media noche se sobreponían en una interminable danza dionisiaca y entonces ¡PUM! Ese hilo infernal me trajo de regreso y sentí los ojos de todos en la sala posados sobre mi cuerpo. El tipo que se las daba de interesante tenía una mueca de insoportable  y ridícula indignación, mis ronquidos habían acaparado a la audiencia de una manera tal que para él sólo es posible en sus insignificantes paseos con Morfeo. Todavía desconcertado, mi mirada brincaba alternadamente entre ojos juiciosos y simpáticos, hasta que encontré esa mirada esmeralda acompañada de esos labios carmesí que viajó a mi lado entre un mar de amapolas. Sonreí.

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martes, 15 de mayo de 2012

Pedacito

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El acantilado de tus ojos me recuerda ese vacío teórico que lo abarca todo. Todos los colores están en tu piel. Tu cabello, negro, como tu pubis, enmarañado caóticamente, refleja esa desesperación que antecede a la calma perfecta.  Caudalosos ríos de sangre helada escapan en libre carrera por las venas de tu cuerpo. Estás ahí, inmóvil, la musa perfecta. Sólo queda postrarme en una admiración que quisiera fuera eterna. 


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domingo, 4 de marzo de 2012

14vo. FRAGMENTO


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Cinco dioses le cerraron el camino. Peces en el viento volaban agraciadamente. Los ángeles devoraron el sobrante de ilusiones y limpiaron el cielo de esperanzas. Estuvo a punto de arrodillarse ante las miradas despectivas de esas criaturas doradas. Tres lágrimas libraban agreste batalla. Todos los músculos de su insignificante cuerpo se negaron a obedecer los impulsos humanos. Una mueca de locura se dibujó en su rostro. El eco de una risa iracunda detuvo el tiempo. El fuego de las estrellas se disolvía en sus ojos. Cerró sus puños. El resto de la historia quedó en el olvido.

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miércoles, 25 de enero de 2012

13vo. Fragmento

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El viento desgarra la carne de tu cuerpo. Trenes de media noche deleitan con su sonata. La jauría persigue a una amada en fuga. Se ensaya un juego de luces en el cielo para el gran evento. Silencio. Silencio, irrespetuoso e inculto mundo, silencio. La orquesta comienza wagnerianamente. La tempestad inocua al caminante borracho, que con su honesto compás se desliza musicalmente entre las calles.

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