lunes, 22 de septiembre de 2008

EL SÓTANO

* * * *
* * * * *
No puede ver la punta de sus pies desnudos, sus ojos son dos grandes aros de absoluta ceguera. La soledad se atreve, porque atrevida es, a invadir su cuerpo. Trata de escapar de sí mismo pero en cada intento se arrepiente. Se esconde en las tinieblas por el odio a sus ojos verdaderos. Por el aborrecimiento a las necias palabras que se fugan de su boca le asaltan deseos de saber coser y coserla. Sueña con el imposible ciego silencio.

Su subconsciente lideraba al estruenduoso sonido de sus pasos en las constantes huidas a un lugar donde la fealdad se disuelve en las sinceras luces de la oscuridad. Siempre pensó mucho de la noche que esconde minúsculas y significativas distinciones (ataduras del mundo conciente) pero creía que su sótano era más eficiente al borrarlas por completo, creando así un halo de belleza, negra nada que desnudaba y seducía a los visitantes del recinto.

Realmente odiaba esa parte humana que le exigía alimento, porque implicaba subir esas escaleras memorizadas por sus tristes pies desnudos, porque al abrir la puerta sellada la luz lo cegaba sólo por unos instantes, porque emergía un particular rencor al verse reflejado en el espejo de otros ojos, porque sentía su boca sangrante atravesada por involuntarios hilos de acero y aún así decía dolorosas palabras, porque las lágrimas secas le recorrían las mejillas y le perforaban el corazón, porque veía significativas diferencias sólo cruzando la mesa y más que nada porque sentía la impotencia de un matrimonio fracasado.

Hay que decir que varias veces trató de convencer a su pareja para que bajaran juntos al sótano, en todas las ocasiones se escudó tras el fabuloso mito del miedo a la oscuridad.
* * * * *
* * * *

miércoles, 17 de septiembre de 2008

LA FERIA

* * * *
* * * * *
En la neblina dos cuerpos se seducen, se besan, se arrastran por el suelo buscando un lugar para tenerse. Pasiones encontradas en pieles fundidas. Un sueño compartido de olvido, un pacto ruidoso entre dos seres de humo que montan un espectáculo para los pequeños residentes del pasto -seres de luz que comprenden la ignorancia de la raza joven de los humanos-.

La distracción es pretexto para detener las labores. Se vende más licor que de costumbre, se montan gradas, se vende helado, se apresuran a sacar las reservas de manzanas, peras y mangos endulzados. Vuelan algodones de todos los colores. Los artistas improvisan casas de terror en los olorosos tennis del joven y las niñas usan las zapatillas como resbaladillas. Tres ingenieros improvisan tomblings con las medias negras y llenan de aire caliente los calcetines que los niños utilizan como inflables (son los únicos que se atreven). No faltan algunos borrachines que se atreven a correr por las pantorrillas de la mujer, otros avientan confeti en el oído del joven. Todos tocan trompetas, agitan banderas y ríen por los movimientos torpes de los amantes. Después de un agrio momento, los gritos, las porras, la risa se tornan en la hipnótica música para los seres de sangre. Entonces comienza el dulce y rítmico baile, baile de besos sobre los cuellos, baile de besos sobre los labios, baile de miradas y caricias, baile de dos para un público por fin satisfecho. Dos atrevidos le dan vuelta a los pezones irisándolos, huyen por el abdomen aterrorizados al escuchar el ronco grito de uno de los abuelos de la aldea. Otros jovencitos llenaron de cerveza el ombligo y se encuentran nadando. Unas señoras ríen y escalan por los muslos del varón dando tambaleantes pasos. Se abren competencias de resistencia para averiguar quién puede lengüetear por más tiempo los pies del muchacho, los más jóvenes compiten por el primer lugar trepando de punta a fin por los cabellos lacios y largos de la mujer. Cientos de fogatas arden en torno a los cuerpos. Todos bailan, se embriagan, se cansan.

Con la feria terminada, los seres de tierra extienden una cobija de niebla sobre los amantes. Los niños duermen en las piernas de los grandes, que beben, platican, disertan sobre los más triviales temas. Suenan cantos de damas dolidas, de héroes acabados, melodías de sueño para acompañar al alba que se resiste valiente a pasar inadvertida, cae cuando los parpados de los amantes se cierran conservando así la noche, después de un último beso de feria.
* * * * *
* * * *

lunes, 8 de septiembre de 2008

EL SUÉTER

* * * *
* * * * *
Hay quien se levanta a las dos o tres de la mañana buscando un sueño, un relámpago de vida que solía estar a su lado, objeto de caricias e interminable delirio de torrenciales besos. La búsqueda se considera infructífera porque siempre lleva hacia la misma pared blanca. En este recorrido siempre hay un pequeño ataque de pánico y ansiedad, incluso muchas sesiones se acompañan de un ligero llanto (claro reclamo al dios en turno). Con el propósito del cambio se piensa en pintar la pared de azul. Nunca se concreta la idea. Hay noches, como perreras, donde la pared parece difuminarse. Son las peores, las que esperanzan. La desesperación lleva a mutilar los recuerdos, a romper y desangrar la sucia memoria ofensiva. Se prende fuego a las fotos y se apuñalan las cartas. Se llega a organizar con fe, igualable a la de cualquier feligrés devoto, múltiples ritos –obras de teatro de religiones prestadas- con el fin del olvido. Nunca hay una victoria total a pesar de que hay quien, acorralado, se refugia en la realidad, en la triste decadencia de la monotonía diaria. No la hay, porque inconcientemente hay algunos que, todas las noches, se engalanan con el mismo atuendo ajenamente esencial para la travesía en búsqueda de un sueño. Hay quien seguramente no nació para olvidar o, como en este caso, otros que simplemente se niegan a tirar ese suéter afilado.
* * * * * * * * *

domingo, 31 de agosto de 2008

MARGINADOS

* * * * * * *
Ayer mi sobrino inventado me preguntó sobre gnomos y duendes, respiré y contesté, tomándome el tiempo del mundo, todo lo que he aprendido de aquellas criaturas fantásticas. Una vez complacido el muchacho reflexioné sobre los seres marginales, aquellos que han sobrevivido el ataque de las letras en el paso de los años. A continuación nombro algunos de relevancia:

En la escalera se oculta el demonio de los besos. Algunos altaneros de pacotilla han dicho que no se esconde, que anhela ser pisoteado y humillado, los Soberbios siempre piensan que juntar los labios es un beso, tan arriba en los cielos ven el mundo que inevitablemente se trasmutan en Ignorantes. Según dicen, para entender al demonio hay que sufrir su experiencia milenaria, hay que sangrar en la piel y rasgar al prójimo. Este demonio no tiene nombre porque no lo merece.

Debajo del lavadero se esconden las hadas de las promesas y sentimientos, se esconden del agua, de la pureza enfermiza que contagia, porque sabiamente han guardado el secreto de que hay que vivir sucias, siempre bajo un amargo y doloroso espejo de sencilla felicidad. Son seres a los que les han dicho las Falsas.

En la sala están los seres más divertidos y creativos, hipnotizados por la tele y los videojuegos, los Desperdiciados les dicen ahora.

Aquellos que se hacen pasar por perros están en la calle, son seres que callan, son ruidosos incomprendidos que andan en jauría lastimándose, lamiéndose las heridas, han perdido el rumbo y utilizan el alcohol para agudizar los sentidos, muchos les dicen los Ingenuos.

Hay seres que se esconden en el jardín. Ellos le negaron a la vista vernos, dejaron de Ser para ser historia, mito, cuento. Ahora, anhelándonos y exaltándonos, viven bajo lluvia de lágrimas y ríos de arrepentimiento, seres de ceniza son los Ciegos.

Siete personajes voyeristas se esconden en el closet de la recamara, son viciosos de las peleas carnales y apasionadas, tienen ratos de gloria, pero generalmente viven en la decepción, son los Cotidianos. Todos les atribuyen –claro resultado de la desesperación ante estas últimas generaciones- ser los inventores de los juegos de mesa.

Hay seres ruidosos, seres vacíos que se visten para los demás, que hablan y ríen fuera de ellos a un eterno público en nostalgia. Existen sólo en otras lenguas. Estos seres, lamentablemente, se reproducen más rápido que cualquier otro ser y compiten por sobresalir en las tareas más banales y ridículas, no tienen motivación y siempre caen bajo los pies de los maquillados. Son seres milenarios que se han hecho maestros del disfraz, que se mueven en manada y se desconocen entre ellos. Estos seres son los Más Caras.

Por último hay seres (los únicos envidiables) que viven “felizmente”, son seres sombras que aprovechan la cercanía de los actos para sonreír y disfrutar con los errores de otros seres, son los Irónicos.
* * * * * * *

sábado, 2 de agosto de 2008

SOBRE LA IMPORTANCIA DEL PAPEL DE BAÑO

Justo en el camión camino a casa un retortijón hizo que tuviera pensamientos de catástrofes que lo habían dejado en ridículo a lo largo de su ya no tan corta vida. Apretar sólo empeoraba las cosas pues el retortijón parecía disfrutar con la desesperación ajena, así que decidió relajarse y distraerse con cosas trascendentales, como la nueva teoría de que Dios usa bra con copas puntiagudas y tiene la fuerza de un travesti bien ejercitado, o que la individualidad, la falta de compromiso de la sociedad y la pérdida de la razón estaban dando a luz a un no tan uniforme concepto en el arte y la filosofía; todo esto ayudo (¿cómo no?) a que mantuviera sin ocurrir el accidente.

Estaba ya tranquilo cuando le hizo la parada al camión cerca de su casa. Pensó en lo afortunado que era de tener una casa tan cerca de la parada del camión, pensamiento que desvanecía la imagen del cuarto de dos por dos (con una cocina/sala-comedor-baño integrado/alcoba que conformaba su casa) y exaltaba lo afortunado de la vida del caballero.

Al bajar del camión y después de tres pasos el retortijón regreso con un pequeño ejército de compañeros, parecía que era inevitable combatirlos pues se reproducían en cientos, pero aún así hizo un esfuerzo, después de todo, era detrás de la puerta de su hogar donde se encontraba la salvación.

Dando brinquitos, que causarían envidia entre Bojangles y la güerita Shirley, fue -literalmente- apretando el paso hacia su casa. El lodazal y los charcos se presentaban como un problema –después de 33 años de no hacerlo- ya que lo hacían dar pasos innecesarios, los cuales producían cierto enojo al retortijón y aliados.

Todos saben que los logros se sufren. Ciertamente el caballero sufría tratando de no cagarse en sus pantalones, lo desconcertaba haber controlado la conspiración tanto tiempo (una hora y media aproximadamente desde su trabajo) y ahora que faltaban 3 minutos ser posiblemente vencido.

Los logros son extraños, en la recta final siempre exigen la concentración de un controlador aéreo o del venerado Sting.

A pesar de todo lo acontecido hasta ahora el logro estaba a unos cuantos pasos, la felicidad se confundía con la angustia, y la sonrisa con la mueca grotesca de la contención. Con una mano puñetera sacó las llaves que tintilaban en un sonar desesperante, chocando erróneamente contra la vaginita de la casa que -como todas las buenas hembras- hacia lo posible porque él fracasará, aún así, este caballero había vencido por una hora cuarenta minutos a uno de los más grandes males que azotan a la humanidad y tampoco se dejó vencer por este otro. Entró peleando con su cinturón como si se tratará del asesino de sus sueños, y volvió a vencer. Al inclinarse, a punto de cantar victoria, los aliados rompieron el cerco y encontraron su perdición en una emboscada histórica. Lastima que no fue perfecta – es sabido que toda emboscada deja atrás rezagos que necesitan limpiarse a fe de que no se entere la prensa y el público en general-. Y fue ahí, cuando su noble corazón se rompió: no había papel de baño. Rogarle a la señora de copas puntiagudas era innecesario, él dejó de creer en ese mismo momento en todo. Ellas siempre ganan pensó con la lágrima en la mejilla y un olor a muerte en la atmosfera.

domingo, 27 de julio de 2008

POSMODERNIDAD

El frío era cada vez más intenso conforme avanzaba la negra noche. Llevaban lo que parecía días de viaje, sentimiento que se acrecentaba por la incomodidad de los viejos asientos en los que sus posaderas habían hecho molde. Sin embargo, José llevaba ya un buen rato dedicado a una jeta digna del más grande y cabrón huevón. El Danny, por otro lado, estaba sufriendo una de esas noches de insomnio, consecuencia de tres jarras de café que habían comprado en la frontera y el stress de no llegar a su destino.

Al Danny se le venían constantes las imágenes de su casa, allá cerca del río donde dio su primer cogida. Imágenes y música eran su pensamiento, necesarias ambas para distraer al hambre que lo acosaba ya desde la mañana. Se trató de distraer con las estrellas del horizonte y vio allá a lo lejos algo, una llamarada que consumía el desierto. Una llamarada de luces, muchas e interminables luces. Fogatas, que se seguían una tras otra en millares, contendían una recia lucha contra las estrellas. Pensó en que debería de ser un ejército de personas, después de un día de marcha, esperando el alba tranquilamente alrededor de una fogata principal, o la fiesta de un pueblo en calma esperando ser ciudad. El Danny estaba cansado para seguir pensando y prefirió aclarar su duda con José:

- EEE GUEY, DESPIERTA!

El Danny pensó que la baba que mojaba la playera de José demostraba que se encontraba entre el cuarto y quinto sueño, pensó en su abuela, ella le decía que era peligroso despertar a alguien que estaba en el quinto sueño de una manera abrupta, podían quedar locos decía.

- eee guey, despierta por favor.

Y el bostezo e estirón se hicieron presentes, entre lagañas y baba José despertaba del cuarto sueño, tenía media erección que corroboraba que había sido despertado en un buen momento, pero pareció no importarle, la modorra le ganaba al enojo.

- ¿Qué pasó? ¿Ya llegamos? ¿Dónde estamos?
- Acabamos de pasar el rancho de los tíos de mi apa

La duda lo acosaba, el cansancio y el insomnio lo hacían ver cosas en la distancia, no lo creía, tenía que confirmarlo.

- Guey, ¿tú sabes que es aquello de allá, las fogatas esas?
- No seas mamón, ¿cuáles fogatas?, eso es GM.

Entonces la triste hada de la iluminación lo visitó. Pensó, reflexionó, digirió la cruel verdad que ella le reveló. Un escalofrío recorrió su cuerpo al tiempo en que pensaba en su casa y el río transformados, rotos. Era verdad, la posmodernidad había llegado primero que él. Una fuerza lo llamaba a dar la vuelva sobre sus pasos. Se sentía derrotado. Cerró sus ojos suavemente buscando, ciego, el quinto sueño.

miércoles, 23 de julio de 2008

EL PRINCIPIO DE LA PROBLEMÁTICA DE UN PESO

No hay muchas cosas estos días que puedas ajustar con un peso. En realidad el valor de un peso ha sido, desconsideradamente, devaluado. Hay que considerar que con un peso puedes comprar el chicle que garantiza no saber -o por lo menos no tanto- a tabaco cuando besas a la chica desconocida del bar que frecuentas. Un peso, en realidad no tiene mucha utilidad, pero te puede dejar en ridículo no tenerlo, incluso te puede salvar de ser asaltado (esto depende de la calidad moral del asaltante). No ajustar pagar la comida o la renta no se presenta como problema serio, pero sino ajustas una cerveza por la falta de un peso sientes que te traga la tierra, pues el peso, después de todo, contiene en sí una fuerza infrenable: la de la posibilidad. Un peso puede ser la diferencia entre el pasaje en camión o caminar hasta la punta del cerro, es decir, entre quince minutos y la decencia o una hora veinte y un olor tan penetrante que es imposible describirlo con letras. En fin, el pensamiento de que un peso es poca cosa es simplemente erróneo. Se admite haber existido bajo el pensamiento de que un peso no vale nada y que fue, en realidad, el no muy derecho camino de la historia que relató, entre emputado y consternado, un buen borracho de fin de semana la que comenzó esta avalancha de reflexión entre los presentes. Se transcribe a continuación lo que el susodicho dijo:

Ahí iba yo en mi camioneta, bueno la camioneta de mi jefe… está perrona un día nos vamos de rol… Te decía…bueno ahí iba yo a inflar un balón de fut que mi morra me había encargado…. Sí, juega fut… no no he ido a verla nunca… no pues porque no me gusta… te decía, iba bien bien tendidisimo por Carranza, o sea tendido, cuando vi una refa de bicis… dije ¡A huevo! de aquí soy… Ni creas, no me quiso regalar el aire, el cabrón me cobro un peso… pues le di una de a dos y después de que me dio el balón me fui. Neta mijo, me sentí bien raro… sentía que el cabrón pensaba que era un pinche hijo de papi… Sí, bien raro neta, me sentía pinche juzgado por el cabrón de las bicis, hijo de puta… a ver, ¿cómo no me regresó el peso que me sobraba el cabrón?

Por las limitaciones del medio se ha sustituido por … los tragos de caguama.